EL CEFISO, EL ILISO, EL ASOPE, ESPERQUIO, EL PENEO
En la Grecia propiamente dicha los ríos más honrados por el culto religioso eran el Cefiso y el Iliso en Ática, el Asope en Beocia, el Esperquio y el Peneo en Tesalia.
El Cefiso, que pasaba al norte de Atenas y va a desembocar en el puerto de Falero, era considerado como dios. Los habitantes de Oropos, en la frontera de Ática y Beocia, la habían consagrado la quinta parte de un altar, que compartía con el Aquello, las Ninfas y Pan. Se veía en sus orillas una higuera salvaje en el punto por donde se presumía que Plutón se había sumido al centro de la tierra después de robar a Proserpina. También junto a él fue donde Teseo mató al famoso bandido Pocusto.
El Iliso, otro riachuelo que pasaba al sureste de Atenas y alcanzaba el mar en el golfo de la Egina, no es, en verdad, sino torrente, como el Cefiso. Pero se miraba a sus aguas como sagradas. Fue en sus orillas donde la bella Oritia, hija de Erecteo, fue robada por el impetuoso Bóreo.
El Asope, torrente que nace en el Citerón, muere en el mar de Eubea. Hijo del Océano y de Tetis, quiso hacer la guerra a Júpiter, indignado porque este dios robó a su hija Egina. Acreció sus aguas e inundó las campañas vecinas. Júpiter, trocado en fuego, secó tan incómodo río.
Según Homero, Peleo ofrece al Esperquio la cabellera de su hijo Aquiles si este vuelve a su patria después de la guerra de Troya.
El Peneo, cuya fuente está en el Pindo y corre entre los montes Ora y Olimpo, riega el valle de Tempé, tan celebrado por los poetas por sombra y frescura. Estas orillas, tan buscadas y apreciadas por los mortales, parecían ser también una comarca predilecta de los dioses. Los laureles crecían en abundancia en este árbol desde entonces consagrado a Apolo.