A R T Í C U L O S_
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MÁQUINAS DE TRADUCCIÓN AUTOMÁTICA A lo largo de la historia, la labor de los traductores ha tenido un peso extraordinariamente importante en el desarrollo y transmisión del Patrimonio Cultural de la Humanidad. La traducción automática (TA) fue una de las primeras aplicaciones de la informática más allá del entorno numérico. Ahora son quizá más conocidos los procesadores de texto o el correo electrónico, pero en 1959 fue la primera aplicación no numérica desarrollada por el MIT. La TA ha servido como piedra de toque para un gran número de expertos en diversas ramas de la informática: expertos en redes neuronales, en inteligencia artificial, en diseñadores de hardware y software, así como expertos en lingüística o científicos del conocimiento. También una serie de investigaciones paralelas a la TA, como el reconocimiento o la síntesis de la voz que han crecido a la par que ésta. La historia de la TA es una consecuencia lógica de los avances en criptología durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, el padre de la TA, Warren Weaver, planteaba el problema de la siguiente manera: “cuando leo un texto escrito en ruso, pienso que en realidad es un texto en inglés, pero codificado de una manera extraña para mí que debo tratar de descifrar”. Su idea era reducir el problema de la traducción a algo puramente matemático, sin necesidad de tener que entender el significado de las palabras. Pero ya vaticinaba algunos de los problemas con que luego se enfrentaría la investigación: ambigüedad de las palabras, sintaxis irregular, polisemia, etc. También aseguraba que sería más fácil de traducir el lenguaje científico, por su concreción, y de hecho el ejemplo clásico de traducción automática son los boletines meteorológicos de Montreal en Canadá, traducidos diariamente desde 1977 del inglés al francés. Y es que en este contexto la palabra “frente”, por ejemplo, siempre tiene el mismo significado y la sintaxis siempre es similar. Otra de sus sugerencias era encontrar una especie de código o lengua troncal de todas las demás, de forma que para traducir, por ejemplo, del turco al chino o al portugués, siempre se descendiera primero a esa lengua raíz, que él llamaba “interlengua”. Uno de los métodos utilizados actualmente es éste. En los años 50 se pusieron en marcha muchos proyectos de Traducción Automática, incluyendo a las universidades más prestigiosas americanas, como la mencionada MIT o UCLA: Pronto otros países se unieron a la carrera de la TA, entre ellos Francia, Alemania y Rusia, por lo que de nuevo se convirtió en una investigación de interés militar. Pero en los años 60 se vino abajo el auge de la década anterior, dejándose el problema como imposible, con argumentos como “la traducción es un proceso intuitivo que las máquinas no pueden reproducir” o “la traducción automática siempre necesitará de una post edición”. En los últimos años, con los avances en telefonía, Internet, reconocimiento de voz, capacidad de proceso, memoria y almacenamiento de los ordenadores, etc., el sueño de la TA ha vuelto a revivir, y otra vez se afirma que en breve tiempo podremos hablar por teléfono con Japón, mientras nuestra comunicación es traducida en los dos sentidos en tiempo real. Y es que con el desarrollo de Internet, la traducción de las crecientes comunicaciones en diversas lenguas es absolutamente necesaria. ¿Será cierto que ya estamos cerca del fin de esa vieja pesadilla de la Torre de Babel? Autor: Juan Carlos del Río |
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