A R T Í C U L O S_

 

Qué es el miedo

Michel Echenique Isasa

El miedo es una interrupción súbita del proceso de racio­nalización.  Lo primero que nos sucede cuando sentimos miedo es que perdemos la capacidad de racionalizar una situación cualquiera.  Pero ¿es necesario este uso cuando no sabemos lo que está suce­diendo?  Generalmente, cuando sucede algo, generamos un prejuicio, pensamos una especie de fantasía mental, muchas veces sin saber exactamente lo que está sucediendo.  Esta fantasía puede acarrear consecuencias muy graves.  Si estamos en una situación de peligro y sucede algo que desconocemos, es mejor no pensar.

Es fácil observar cómo en una situa­ción de peligro muchas personas hacen justamente lo que no deberían hacer. ¿Por qué?  Porque piensan sin saber lo que está sucediendo.  Si alguien va en coche, entra en una curva con exceso de velocidad y piensa, lo primero que hace es frenar.  Entonces es justamente cuan­do causa su desgracia, pues es ahí donde reside el peligro: frenar bruscamente en una curva yendo a alta velocidad.  El miedo tiene la capacidad de evitar que hagamos algo mentalmente.  Crea una situación de bloqueo para cualquier pro­ceso mental.

El miedo como sensación es una para­da súbita de todos los procesos de moti­vación y de racionalización.  Cuando sentimos el impacto del miedo es como si algo cayese, nos quedamos sin fuelle, sin motivación para hacer cosas. Ése es el segundo fenómeno que el miedo pro­duce y también, si lo observamos, es una interrupción súbita.  Cuando suceden cosas, la tendencia es crear o una depre­sión traumática o una euforia.  Hay per­sonas que ante situaciones comunes reaccionan con euforia, y hay otras que se abandonan totalmente; son procesos relacionados con la motivación del indi­viduo y en cualquier situación de riesgo o de peligro, tanto la euforia como la depresión traumática son negativas.

Lo que causa problemas en situacio­nes de riesgo es la temeridad o el aban­dono.  Es curioso observar cómo, cuando las personas están atrapadas por el miedo, terminan haciendo exactamente lo contrario de lo que deberían hacer.

Estas actitudes distan completamente del llamado "instinto de supervivencia".  En estas situaciones, las personas quie­ren huir y por eso acaban haciendo ton­terías.  Por el contrario las personas que asumen el miedo conscientemente ter­minan haciendo las cosas acertadas.  La mayor causa de accidentes y de muertes es el comportamiento que tenemos ante el miedo y no el miedo en sí.

El miedo-percepción y el miedo-sen­sación son una inhibición-bloqueo de todas las funciones fisiológicas.  Cuando surge el miedo, detiene los procesos de racionalización, de motivación y pura­mente fisiológicos.  Nos quedamos sin condiciones para hacer nada por un ins­tante; ni pensar, ni sentir, ni actuar.

El miedo paraliza, inhibe.  Nos detene­mos antes de caer al precipicio.  En prin­cipio esa parada súbita es buena porque en el fondo hay un riesgo y hasta que no sepamos en qué consiste es mejor que­damos quietos.

Desde este punto de vista, el miedo es una fuerza que tiene como objetivo evi­tar peligros de cualquier naturaleza y funciona como una señal que interrumpe cualquier acción imprudente.  En térmi­nos concretos y objetivos, el miedo es eso y no tiene nada que ver con las reac­ciones sucedidas ante él, que, en nuestro caso, por razones culturales, no son naturales.  Nuestra cultura no sólo no nos preparó para enfrentar el miedo, sino que además nos enseñó a tener miedo del miedo y por eso reaccionamos mal.  En un proceso cultural diferente, no­sotros encararíamos el miedo de una forma diferente y tendríamos reacciones naturales.  Esas reacciones naturales tra­bajan a favor del instinto de superviven­cia, tanto del cuerpo como de la mente.  Hay reacciones instantáneas de reflejos condicionados, y consideramos que son naturales.  Pero si es condicionado, no es plenamente natural.  Lo natural ante el miedo es tener nuestras reacciones inde­pendientemente de nuestros prejuicios, observar la situación detenidamente para saber lo que está sucediendo y no querer huir de ella.

Cuando las personas están atrapadas por el miedo, terminan haciendo exactamente lo contrario de lo que deberían hacer

En las Artes Marciales, a medida que vamos entrenando a través de los años, acabamos reaccionando de una forma lógica o natural ante situaciones de ata­que.  Si alguien grita cuando va a atacarnos, el grito es una señal de ataque. ¿Por qué ante el grito tendría yo que llevar la cabeza hacia atrás?  Quien ha entrenado Artes Marciales, en lugar de ir hacia atrás, primero mira de dónde viene el grito, qué tipo de grito es, qué se puede prever en relación a esa actitud y, una vez que sabe lo que está sucediendo, actúa.  Eso es natural.

Los reflejos naturales propios del cuerpo no nos hacen huir ante las situa­ciones de riesgo, sino que nos llevan a la adaptación.  Nosotros estamos mal acos­tumbrados.  Fuimos educados en una cultura que no nos enseña a lidiar con el miedo, y sí en cambio a temerlo.  El miedo puede utilizarse como elemento de manipulación para subyugar, esclavi­zar y dominar a las personas.  El hecho es que acabamos teniendo miedo del miedo y, entonces, para no sentirlo paga­mos cualquier precio.  Ese es el punto más complejo en relación al miedo.  El miedo no es malo; mala es la reacción que generamos ante él, porque no hemos sido educados de forma correcta para encararlo.

Conclusión

El miedo es una fuerza natural.  No es mi miedo o su miedo, es el miedo.  Existe de forma independiente a las personas-, hay algo en nosotros, y también fuera de nosotros que se llama miedo, y que tiene una función en la Naturaleza como el Sol, la Luna, el agua, la tierra o cual­quier elemento.  El miedo forma parte de la Naturaleza y tiene como función pro­teger, por increíble que parezca.

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