Simbolismo en la america precolombina (Fuente Tiahuanacota)
Símbolo es algo así como el envase, como la expresión de un concepto, de una idea o de una creencia. El hombre de todos los tiempos ha querido, aunque sea con la marca de sus manos en la piedra, o con un signo en la tierra o en la madera, representar lo que sentía. Hasta en los pequeños grafitti que vemos en las paredes, en los lugares públicos o en las mismas aulas, un joven pone "yo estuve aquí en tal año". De alguna manera trata de dar su mundo interior, trata de decir que él estuvo allí. Todos queremos, sentimos la necesidad de eternizarnos. El hombre primitivo también tuvo esa necesidad. Todos los pueblos antiguos lo han plasmado. Las altas culturas evidentemente han plasmado toda su concepción, toda su cosmovisión, a través de una serie de símbolos, muchos de los cuales son universales.
En América tenemos dos grandes focos, dos grandes núcleos culturales. Uno de ellos, que podríamos llamar el núcleo tiahuanacota, o sea, todo aquello que está en la parte de la actual Bolivia, Perú, Norte de Chile, Sur de Ecuador, etc. Y otro gran núcleo o gran fuente que podríamos llamar mexicana en líneas generales, y que abarca desde la Península de Yucatán hasta el Norte de México, prácticamente hasta la subcultura de los indios Pueblo. También están el área Chibcha, y otras áreas secundarias, como la cultura Marañón (Brasil), pero no vamos a dar muchos detalles, sino que nos vamos a referir a los dos grandes puntos o a las dos grandes vorágines de culturas que encontramos en América, comenzando por la fuente Tiahuanacota en este número.
En la parte del sur, en lo que llamamos la cultura tiahuanacota, tomamos como símbolo Tiahuanaco mismo. En Tiahuanaco encontramos una ciudad, una ciudad que fue puerto, y aquí un misterio: una ciudad que fue puerto, que todavía hoy tiene los farallones para las balsas o para las naves, pero que está a más de 50 kms. del borde del lago Titicaca. ¿Qué ha pasado? Si nos dejásemos llevar simplemente por la idea de la evaporación del lago Titicaca, o sea, por la disminución del espejo de agua, llegaríamos a la misma conclusión de Posnansky, es decir, que la cultura de Tiahuanaco creció hace más de 11.000 años. Las actuales teorías, los actuales enfoques o vertientes no están de acuerdo con ello; dan a la cultura de Tiahuanaco una antigüedad mucho menor. Dicen que, tal vez, la gran cuenca del Titicaca tuvo rupturas, o sea, que movimientos geológicos permitieron una filtración del agua y que de ahí el enorme retroceso muy rápido de sus costas. Esto no está comprobado... De cualquier manera, encontramos allí, en Tiahuanaco, unas construcciones maravillosas y símbolos que hoy mismo están despertando gran curiosidad. Existe la llamada Puerta del Sol de Tiahuanaco, puerta que no se sabe siquiera si es puerta, puesto que las crónicas españolas no la mencionan. Parece más bien que hubiese estado en la parte interior de edificios que se derrumbaron después de la conquista. Esta Puerta del Sol tiene en la parte central una figura que se identifica con el Dios Viracocha, el Viracocha que luego iban a nombrar los incas como tercera persona de su trinidad, Kon, Quillá y Viracocha. Kon era el Dios de la Altura, de ahí han quedado nombres de las montañas como Aconcagua, Aconquica. Kon era el ser de la antigüedad, el Dios supremo. Quillá era la Diosa femenina, la Diosa Luna, equivalente a Isis en Egipto, equivalente a la misma María dentro de la iconografía cristiana. Y Viracocha es el Dios Halcón, o el Dios Cóndor, tercera persona, que es representación del Sol manifiesto y que aparece precisamente en esta puerta de Tiahuanaco. Evidente es que este Dios Viracocha no se habrá llamado Viracocha en aquella antigüedad, puesto que todo el mundo está de acuerdo en que la puerta de Tiahuanaco es muchísimo más antigua que los incas. A los costados hay una serie de figuras que están marchando, algunas arrodilladas y como con alas, que en la actualidad se las ha identificado con símbolos estelares. Ha habido un estudio muy interesante de catedráticos rusos que demostraron que en la Puerta del Sol existe no solamente una forma, digamos, de calendario solar, sino también observaciones astronómicas referentes a Venus. Estas observaciones astronómicas referentes a Venus son comunes a muchos pueblos antiguos que han atribuido una fundamental divinidad a la llamada estrella de la mañana. Pero en Tiahuanaco estos símbolos guardan un gran misterio para nosotros. No sabemos exactamente qué querían representar.
Existen también otros símbolos que se fueron perpetuando a través de la cerámica de Tiahuanaco. Los famosos vasos keros, que abren sus bocas anchas, más anchas que sus bases, en donde se ven animales geometrizados, una especie, a veces, como de jaguares en marcha; otras veces, garzas sostenidas en una sola pata. También ese color típico y característico de la cerámica de Tiahuanaco, o sea, una cerámica de color naranja, sobre el cual caminan animales simbólicos. Es evidente que el vaso dentro de todas las culturas, y en este caso las culturas americanas, ha representado el universo, o sea, el espacio universal; algo así como el vaso contenedor del hueco primordial. Por eso en griego la palabra okeanos significa no solamente océano, como diríamos hoy, sino que también significa hueco, lo negro, aquello que es tenebroso, misterioso, aquello que está dentro de todas las cosas. Los vasos en todas las culturas de América representan de alguna manera el universo, la superficie del universo. Se encuentra en un vaso de la cultura nazca, también de Perú, la misma forma, un gran vaso de ofrendas, y sobre esa parte, sobre esa franja universal, va corriendo el Dios del Viento, un dios que tiene cabeza de felino, con unas grandes narigueras de oro, alrededor del vaso, llevando cabezas cortadas, símbolo del viento que corta y destruye todas las cosas. El viento es un símbolo también del tiempo; es parecido a lo que en la cábala hebrea se entiende como el Nefesh; el Nefesh es no solamente el viento físico, es el viento espiritual, es el viento que lleva todas las cosas, es el viento que empuja a los profetas y también es el viento que derrumba los templos. Ese mismo símbolo lo encontramos dentro de todo lo que sea la cerámica de esta zona.
Resumen de la conferencia impartida por Jorge Angel Livraga en el marco de un ciclo dedicado a las culturas de América Precolombina, en febrero de 1974 en la ciudad de Granada, España.