A R T Í C U L O S_

 

MURMULLOS DE HISTORIA, MURMULLOS DE VIDA
Jose Carlos Fernández
Oporto Junio 2005

Todos aquellos que hayan meditado, o se han esforzado por conquistar “calidad de vida” saben que uno de los mejores tesoros es el silencio, o mejor, los mil sones armonizados de la naturaleza toda. La música de la naturaleza, o el mismo son de la actividad humana, confundida con el silencio, y sin estridencias, otorgan al alma una divina embriaguez, el recuerdo de una esencia perdida y olvidada, olvidada y perdida.
En el mismo silencio de nuestra mente, dominadas y en paz las tendencias de la psique; dicen los sabios que surge una voz, o una percepción; un reconocimiento. En el Budismo Mahayana se designa con la palabra sánscrita “Nâdâ” a dicha voz, palabra que los sabios interpretaron como “voz del silencio”, la Voz en el silencio, la voz del Alma de la Naturaleza; la Voz del Ser Interior.
En medio de la multitud, ¡qué difícil es oír el consejo de un sabio! En medio de la turbamulta de nuestros deseos y del desorden de nuestra vida interior, qué difícil es percibir las vibraciones del hilo de Ariadna de la sabiduría.
Aristóteles afirmó que la condición natural del alma humana es la relación con los demás, que el hombre es un zoon politikon, un “animal político”. Nosotros afirmamos que es también condición esencial del alma humana escribir historia. Una página, una línea, una letra o un átomo de la misma, pero historia; es decir, un recuerdo en la Mente Divina, una huella en el Alma de la Humanidad. Todo en la naturaleza marcha hacia la Unidad primera. La evolución de la Naturaleza es el plan de Dios. El ser humano es “Naturaleza” y su evolución se llama “Historia”.
Si tan importante es dejar una huella en la vida, una huella en la historia; no lo es menos el despertar de la conciencia histórica. La percepción de un “viento divino”, de una necesidad de acción en el alma humana es quien le impulsa al natural cumplimiento de su destino, de su trozo de historia. Tal es la enseñanza de Cicerón, uno de los filósofos romanos que más ha reflexionado sobre la naturaleza y el sentido de la Historia.
Siendo tan importante la vida, más lo es el alma de la vida. ¡Qué valor tiene la Historia! Pero más lo tiene aún el alma de la Historia.
Según los verdaderos filósofos de hoy y de antaño, esta tragicomedia que llamamos “vida” precisa de un arte para ser interpretada con dignidad y sin disonancias. Recordemos que para las antiguas civilizaciones la Filosofía es el Arte de Vivir.
Es el Alma quien estudia la Vida y la Historia. Por lo tanto, lo que percibe el Alma no puede ser sino el Alma de la Vida y el Alma de la Historia.  Al Alma de la Vida los filósofos le llamaron “Sabiduría”; y al Alma de la Historia “Destino”. Al oír estos murmullos de la vida y de la historia, buscamos sentir, aunque sea como un débil eco, la presencia de la sabiduría y de la voluntad en el Alma de la Naturaleza.
También Cicerón enseñó que la Historia es maestra de vida. Procuremos entonces en estas lecciones de historia, lecciones de vida. Enseñanzas que nos faciliten interpretar la Historia y la Vida.

© 2008 DERECHOS RESERVADOS - NUEVA ACRÓPOLIS BOLIVIA