A R T Í C U L O S_

 

Semejanzas del carnaval con fiestas judías e hindúes.

Ahondar en la verdadera naturaleza de fiestas bastantes arraigadas en nuestra sociedad es un trabajo cuasi arqueológico, debido a la ausencia de registros confiables acerca del origen de las mismas. Es precisamente el carnaval una de estas fiestas cuyos remotos orígenes nos dificulta comprender y captar su significado real, ya que para quienes la celebran sólo es una licencia de tres días (o más) para cometer todo tipo de excesos.
Los orígenes del actual carnaval se remontan hasta las saturnales romanas que marcan el final del invierno y la llegada de la primavera en el hemisferio norte, posteriores a la fiesta del Dios Jano y que curiosamente coinciden con los meses de febrero o marzo, fiestas que la Iglesia Católica adoptó en su calendario, previa a la celebración de la Cuaresma. Realmente cuesta comprender el que se admita una fiesta “licenciosa” precedente a una conmemoración de tipo penitente, ¿sabrían las autoridades eclesiásticas de la época qué las carnestolendas eran de naturaleza catárquica? Entiéndase por catarsis a la purificación, ya que eso es lo que precisamente significa la palabra catarsis, puede entonces suponerse que tales festejos eran para que el ser humano reconozca su naturaleza inferior e instintiva, sobre la cual habría de trabajar interiormente durante la Cuaresma y la Semana Santa, para resucitar a su verdadera naturaleza que está llamada a divinizarse mediante el trabajo alquímico. Lamentablemente el cristianismo al convertirse en religión oficial y de masas perdió sus principios esotéricos, de cuya consecuencia han devenido los cismas que dividió a la Iglesia de Cristo en sectas que conservaron preceptos morales que no son capaces de cumplir, por desconocer las claves místicas, psicológicas y alquímicas que conducen al nuevo nacimiento mencionado en las escrituras bíblicas.  Pero como estas líneas son referentes a la fiesta del carnaval, me introduciré a lo que se refiere el título de este trabajo.
Toda gran religión conserva tradiciones cuyos significados no son comprendidos por el vulgo y no siquiera por quienes dicen ser sus adeptos, y el cristianismo no es la excepción. El judaísmo y el hinduismo, religiones antiguas nos dan una pauta, en ellas existen celebraciones muy similares a la del carnaval y es precisamente de ellas de las que voy a hablar:
En el judaísmo tenemos la fiesta del Purim (febrero-marzo): Es la Fiesta de las Suertes o de la Abundancia, instituida por Mordejay, más conocido como Mardoqueo, tío de la reina Esther, conmemorando la salvación providencial de los judíos cuando la reina los liberó del cautiverio de Babilonia, en esta fiesta, cuya duración es de tres días, al judío se le está permitido beber vino hasta emborracharse y precede a la Pésaj (abril-mayo): La Pascua judía, celebrada con la primera luna llena de primavera, conmemora el éxodo del pueblo judío desde Egipto y su paso por el Mar Rojo.
En el hinduismo está el Holi, el festival hindú de los colores que se desarrolla en febrero o marzo, Originariamente, una ceremonia de la fertilidad dedicada a Krisna: se celebra con danzas en las calles, procesiones y fuegos artificiales, en donde eufóricos concurrentes lanzan tazas de agua con polvos de colores a todo el que se cruce en su camino. Es la más popular de todas, porque la casta y el tabú se dejan aparte.
Con esta comparación del carnaval con el Purim judío y el Holi hindú, invito a los lectores a seguir investigando sobre las raíces de esta fiesta carnavalera, la cual mi persona no comparte su actual manifestación, ya que la misma ha sido despojada de su auténtico espíritu y hoy no es más que un culto al placer por el placer mismo.

Marcelo Enrique Zabala Justiniano     

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