A R T Í C U L O S_

 

Rituales religiosos
en el folclore

Entre ayer y lo futuro

El nuevo interés en el folclore parte de un compromiso cultural para salvaguardar las tradiciones, pero también sirve para recuperar el equilibrio que los hábitos de una sociedad mecanizada han desestabilizado.

 

Tras muchos siglos de cambio económico-social, las sociedades han quedado a menudo como un pequeño reducto, pero eso no significa que el folclore desaparezca en su esencia. Simplemente cambia mucha de sus caras. Los aspectos cíclicos de carácter ecológicos del campo fueron sincretizados por la religión, pero las superposición de una sociedad urbana con sus ritmos de consumo, las vacaciones preestablecidas o el ritmo frenético del trabajo han creado una condiciones sociales proclives a añadir un nuevo sincretismo sobre el que ya existía: un cambio continuo de la forma sin alterar el contenido. Las festividades que se pierden en la noche de los tiempos que siguen celebrando de una u otra manera, y ni el cristianismo ni la laicización han conseguido impedirlo.

Una idealización del folclore

Se ha detectado un retorno a algunos elementos del folclore en una sociedad que se caracteriza por todo lo contrario. Parece la respuesta de un sector de la población que, harto de la mecanización y del exceso de control a que se someten sus mentes, decide tomarse un respiro.  Mitificando el mundo de sus abuelos, tratan de volver a el en lo que pueden, con medicamentos naturales, productos ecológicos, retorno al medio rural y, en definitiva, una búsqueda de la sabiduría casi extinta que el progreso desbocado ha enterrado casi por completo.
La búsqueda de la fecundidad es uno de los parámetros que relacionan la fecundidad con el folclore. Casi todas las creencia basan parte de los ritos mas importantes, en este concepto. La opulentas Venus pre-romanas son un ejemplo claro. Los romanos celebran las Lupercalias (antepasadas de nuestro Carnaval), en las que los luparcos recorrían    medio  desnudos , azotando  con unos látigos  hechos de tiras  de piel  de cabra a los hombres y mujeres  deseaban descendencia, con la intención de hacerlos fecundos. Aun  hoy en el dia de Carnaval  es una fiesta muy proclive al juego sexual, facilitado  por los  disfraces y la sensación de liberta que rezuma la noche, lo cual tiene su origen en un deseo de fecundidad. A este respecto, es curioso el origen pagano de las costumbres de los huevos de Pascuas. Antes de la habitual cristianización de su contenido, era la fiesta por excelencia de la primavera y con ella las familias ingerían una gran cantidad de huevos para almorzar: un solo miembro podía comer entre media y una docena. Esta costumbre se ha mantenido, aunque hoy los huevos son de chocolate y se adornan con mil adaptaciones a personajes popularizados por los medios de comunicación para atraer a los niños. Esta tradición obedecía a razones de cohesión familiar -en algunos países es el padrino quien regala los huevos a sus ahijados y el tío a sus sobrinos- y, en una mirada aun mas lejana, a cuestiones relacionadas con la fecundidad: el huevo siempre ha sido símbolo de fertilidad. El componente alegórico adquirió mayor fuerza con la llegada del cristianismo, ya que la cuaresma era un periodo especialmente caracterizado por la abstinencia y la represión sexual, por lo que la pascua habría un ciclo liberador y dedicado al intercambio sexual y, por tanto, a los ritos de fertilidad.

El folclore como foco de resistencia a lo oficial

El folclore siempre ha tenido un componente subversivo, de resistencia al culto oficial, en el caso del catolicismo, recordemos la llamada fiesta de los locos que se celebraba en toda Europa hasta el siglo XVI (tras muchos intentos de persecución por parte de las autoridades), y en la que actores improvisados parodiaban los rituales cristianos para gran regocijo de los viandante. También es reseñable la antipatía que el pueblo a profesado en al cuaresma ( fiesta oficial cristiana y paradigma de recogimiento culpabilidad) y la simpatía que ha despertado siempre el carnaval, fiesta de origen pagana folclórico, que en las diversas formas con que se ha revertido en la tradición popular muestra de modo inequívoco las canciones generadas por esta ambigüedad; tensiones que son referencias permanentes de otra tensión mucho mas profunda, aquella en que se debate desde lo mas remoto de los tiempos la condición humana, a menudo incluso escindida entre los profanos y los religiosos, entre lo inmediato y lo trascendente.
Por mas que se esfuerce el dogma católico. Es evidente que le pueblo siempre preferirá el carnaval a la cuaresma. La abstinencia y la austeridad no son lógicas en ningún folclore, a menos que sean inevitables por razones circunstanciales. El folclore siempre tiene un elemento vitalista y epicúreo, cosa que no puede decirse de las religiones.
En ocasiones, lo popular se acaba imponiendo a la norma religiosa imperante, incluso sin que haya sustrato cultural; es decir, en una fiesta impuesta por la religión el folclore introduce sus modificaciones y la adapta al sentido popular. Es el caso del corpus. Esta festividad fue establecida por el papa Urbano VI en el año 1264 para conmemorar el misterio de cuerpo de Cristo sacramentado. Al cabo de poco tiempo, la fiesta enraizó fuertemente en las clases populares que acudían a las presiones de este tipo e iban añadiendo elemento como pequeñas representaciones teatrales o comparsas, para modelar la fiesta a su antojo: el resultados es una celebración con mucho elementos de origen profano, que Urbano VI nunca hubiera podido imaginar y es que a cada folclore reinterpreta el dogma de la manera mas adecuada alas características de la zona y del pueblo que lo habita. Esta maleabilidad ya la detecto Xenofanes del colofón en el siglo VI a.C:”Los etíopes dicen que sus dioses son chatos y negros; los tracios, que los suyos tiene el pelo rojo y los ojos claros. Si el ganado los caballos tuvieran manos y pudiesen dibujar, representarían sus dioses como ganado o caballos….”.
Muchos siglos mas tarde podemos constatar que todas las saciedades adaptan los modelos religiosos y que el caso de las festividades de origen mixto (folclórico-religioso) no es una excepción. El signo de los tiempos prevalece, en el capitalismo más agresivo, el dios común  (el dinero) pone un sello en todas las actividades. Navidad, Pascua, Carnaval, Corpus y el resto de celebraciones funcionan gracias al esfuerzo conjuntos de las empresas y los medios de comunicación en buscar una excusa para conseguiré el fin ultimo que parecen marcar el pensamiento del ser humano industrializado medio: comprar, vender, comprar, vender.   

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