A R T Í C U L O S_
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Gerónimo; El Apache Sara Ortiz
Introducción Lo que sí nos consta como cierta es su resuelta independencia y su gran sentido de la economía de medios, que le dio buen resultado a la hora de mantener a su familia, de proveer a la banda mediante correrías o de organizar un provechoso comercio de recuerdos. Tenía una curiosidad intelectual muy viva y un pensamiento muy original. Era obstinado y práctico, despiadado con sus enemigos y amable y leal con sus amigos. El amor que sentía por su tierra montañosa fue una constante en su vida, junto con su profunda religiosidad, y cuando hacía una promesa, juramento y ceremonia incluidos, que para los blancos eran detalles poéticos, él mantenía su palabra. El ocaso de un pueblo Es a principios del siglo XVII, con la colonización francesa, cuando se perfila la ofensiva europea. En los primeros tiempos la situación es delicada para los colonos, sólo son un puñado ante 30.000 indios. Poco a poco avanzaron en un baño de sangre, pues para los puritanos los indios eran crueles salvajes bárbaros, hijos de Satán. En este contexto se sitúan las guerras contra los iroqueses y los hurones. Paradoja de la Historia: La Liga Iroquesa tenía un reglamento interno que constituyó, con pocos retoques, la primera constitución norteamericana. He aquí uno de los primeros prejuicios: “los indios vivían en la Edad de Piedra”. El argumento utilizado: “sus armas no tenían puntas de hierro”. Juzgamos a los pueblos por su tecnología, sin tener en cuenta sus progresos en otras áreas del amplio espectro humano. Las tribus del sudoeste se componían de grandes constructores, como la civilización Hopewell o Cahokia, y su organización social era inmejorable. Hoy hablamos del ciclo natural, el reciclaje, el cuidado de nuestro planeta, y esto precisamente lo encontramos en las tribus indias. Los europeos se quedan impresionados por la sabiduría con que los indios cazaban, practicaban la agricultura o sacaban partido al medio que les rodeaba siguiendo un ciclo natural que no agredía a ese medio ambiente. Cada pueblo producía lo necesario para satisfacer sus necesidades, alimentos, abrigo y productos para el intercambio con las naciones vecinas. La condición era no generar diferencias excesivas entre los miembros de una comunidad, haciendo funcionar con generosidad el principio de redistribución. En el siglo XVIII, la impaciencia de los colonos está en su punto culminante, pues las mejores tierras siguen en manos de los indios. En 1972, con al independencia norteamericana, el presidente George Washington decide enviar una misión de paz al valle de Ohio haciendo saber a los indios que la nueva nación desea llevarles la civilización y educar a sus hijos. La guerra Al levantarse, cuando el solo lucía y el tiempo era claro, el indio exclamaba: “¡Buen día para morir!” Quizá la enfermedad mayor del hombre blanco, junto con la hipocresía y la ambición, sea su miedo a la muerte, su sentir que la vida no tiene otro sentido ni otro destino que vivir, o más bien sobrevivir a costa de todo. La resistencia india del Este juega sus últimas bazas con Tecumesh (“León de la Montaña”), jefe de los Shawnees de 1805 a 1811, que fue el más formidable enemigo que encontrarían los yanquis en la colonización, llamado el Napoleón de los indios, pues consiguió, en tiempos de guerra y en tiempos de paz, el arma más poderosa contra los blancos: la unidad. Ya no bastaba con bravos guerreros, hacía falta un hombre que pudiera enfrentarse con políticos y juristas en sus “contratos de compra”. Con su muerte, el camino hacia el Oeste se abrió para Europa. Los hechos fueron repitiéndose siempre de la misma forma trágica. Siempre igual: tratados incumplidos, engaños, heroica resistencia y derrotas. El mito apache El 5 de septiembre de 1886, desde Fort Bowie en Arizona, una noticia cruzó como un rayo la nación norteamericana: ¡Gerónimo ha sido capturado! ¿Quién era Gerónimo? El guerrero y el chamán A los 5 ó 6 años empezó a trabajar en el poblado: cuidar de los caballos, recoger bayas y nueces, plantar el maíz, el tiro al arco… Gerónimo acababa de iniciarse en la caza cuando murió su padre. Así que fue admitido en el consejo de guerreros a la edad precoz de 17 años, como Hijo del Agua, aprendiz de guerrero. Y se enamoró. Ella se llamaba Alope. Pero en el verano de 1858, un día en que los guerreros estaban fuera del campamento, los mejicanos exterminaron a mujeres y niños. Gerónimo perdió allí a su mujer y sus hijos. Mangas Coloradas era el jefe de los apaches bedonkohoes. Reunidos en consejo, vieron que nada podían hacer frente a los mejicanos, y partieron esa noche en silencio. Gerónimo quemó todas las pertenencias de Alope, su tipi, y juró vengar a los apaches. Mediante esa experiencia, Gerónimo recibió, al parecer, un don del Poder que iba a tener un papel importante el resto de su vida. Él describe la aparición de un oso gris de pelos de puntas blancas, que le aseguró que ningún arma de fuego podría jamás matarle y que sus flechas serían guiadas. Empezaron a vivir en un estado de asedio y de incursiones a Méjico. Sin embargo, en el primer contacto con el gobierno de los EEUU, se sembró la semilla de la madeja enmarañada de las futuras relaciones. Una de los mayores afrentas a los indios se debió a la crueldad y estupidez de los soldados. Mangas Coloradas, jefe reconocido de todos los apaches, fue al encuentro de los blancos en son de paz, y no sólo lo atacaron, sino que lo ataron, azotaron y asesinaron cuando supuestamente trataba de escapar (1863). El sentido del honor y el orgullo se alzó en Cochise y Gerónimo, y ya no negociaron más. Gerónimo estuvo íntimamente ligado a Cochise y luego a sus hijos Taza y Naiche, a quien él siempre respetó. Reservas y libertad Entre 1877 y 1886 la frontera entre los EEUU y Méjico fue asolada por dos pequeñas bandas de indios apaches, liderados por los jefes Victorio y Gerónimo, que mantuvieron en jaque a las tropas federales durante casi 10 años. La vida de Gerónimo se centró en Sierra Madre después de su fuga, la tercera, de San Carlos en 1881, y allí se reunieron las bandas de Juh, Nana, Chiricahuas, Nednais y Bedonkohones. En un solo campamento hubo el mayor número de apaches reunidos desde hacía muchos años, con guerreros expertos. La cooperación entre ejércitos de ambos países obligó a Gerónimo a volver a la reserva. El general Crook enroló exploradores apaches en su persecución y consiguió que Gerónimo se rindiera, pero éste no regresó a la reserva como pueblo derrotado, sino que llevó consigo pertenencias y ganado. Gerónimo no duró mucho en la reserva. Al año siguiente, en 1885, volvió a marchar a la montaña con 150 seguidores. Los últimos años La última huida de Gerónimo no fue masiva. Los soldados le convencieron de que lo querían ahorcar, y se escapó (quinta fuga), mientras era trasladado a un fuerte militar, con 24 indios apaches. La leyenda se completó, eludió al ejército durante más de 5 meses con 5.000 soldados asignados a su persecución El gobierno de los EEUU destituyó a Crook y llegó el general Miles. Durante estos meses las persecuciones fueron muy difíciles, pues el ejército no estaba acostumbrado a tener un enemigo tan poco numeroso. El teniente Gatewood, un hombre íntegro que conocía la lengua apache, consiguió hacer abandonar la senda de la guerra a Gerónimo. Gerónimo quería regresar y tener una tierra para él y su tribu. Miles tenía órdenes de llevarlos a Florida. El tratado lo sellaron con una piedra. Duraría hasta que la piedra se hiciera polvo. Miles redactó un informe para contentar a los burócratas. E incluso quiso sacarlos a escondidas antes de que llegara una orden contraria de Washington y no pudiera cumplir su palabra. No tuvo suerte, las distintas bandas de indios se encaminaban a 27 años de cautiverio. Los exploradores del ejército acabaron su misión: ya no quedaban indios en libertad. Los subieron al tren. Hacinados, no soportaban el hedor, ni el ruido, y empezaron los primeros brotes de tuberculosis. La mortalidad era exagerada, 5 de cada 6. ¿La humedad de Florida? ¿La nostalgia? Parecía la extinción de una raza. Gerónimo reconoció la importancia de adquirir los conocimientos del hombre blanco, fue un partidario entusiasta de las escuelas. Durante los años de Fort Still, Gerónimo se convirtió en un bien comercial, un objeto de exposición para asegurarse el éxito de cualquier celebración. Era cortés, dueño de sí mismo, alerta y amable, y observaba y aprendía con fresca curiosidad y mente despierta. Pedía siempre el regreso a su patria natal. Era un hombre de una pieza, una personalidad sin fisuras a pesar de haber perdido a toda su familia, hijos, nietos, mujer… En la vejez, la más persistente de las contaminaciones traídas por los blancos, el alcohol, lo llevaría a la muerte. El 15 de febrero de 1909 lo hallaron en el agua, ebrio. Cogió una pulmonía. Su fuerte espíritu luchó contra la muerte y en la noche del 17 de febrero se rindió. Hoy, al pie de su tumba, hay un solemne monumento de piedra coronado por un águila en el lugar. En 1911 muere de tuberculosis la última descendiente de Gerónimo y los apaches. |
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