LA BIBLIOTECA DE UN HOMBRE DEL RENACIMIENTO ISABELINO
Por: Enrique Bustamante
En 1570 el Dr. Dee se establece en una casa que era propiedad de su madre Johanna Wild, en la villa de Mortlake. Allí dio forma y espacio a aquella amplia casona, para vivir acorde a sus ímpetus de investigación y estudio científico; tenía 43 años por entonces, y este hombre ya era una luminaria de la talla de un Francis Bacon, de un Isaac Newton o un Shakespeare. Poco a poco la figura del Dr. Dee va recobrando su lugar perdido en la historia universal; la investigación y el estudio de sus obras van dando señales sorprendentes a la ciencia histórica, que atónita e impotente no llega aún a descifrar sus famosos teoremas filosóficos-matemáticos y místicos, conservados en sus escritos. John Dee había gastado una enorme fortuna en manuscritos, algunos de ellos muy antiguos, en libros, cuyos volúmenes eran ediciones únicas debido a la imprenta reciente de Gutenberg. Durante sus viajes compraba también instrumentos científicos, todos aquellos precisamente los que habían revolucionado la historia: poseía el famoso globo terráqueo (mapamundi) del cartógrafo Mercator, instrumento célebre debido a las tesis Copernicana, Galileana y los descubrimiento de C.Colón. Así mismo los hermosos Astrolabios que había diseñado T.Brahe, además los telescopios venecianos de lentes y factura galileana, también relojería de extraña procedencia. Dee poseía asombrosos conocimientos navales, él habría diseñado otra fuerza naval capaz de aniquilar la armada invencible de España. Entre otros portentos científicos que se cuentan, está la historia del famoso escarabajo que habría sus alas y volaba por todo el teatro ante la presencia atónita de Isabel I de Inglaterra. Dee también es muy famoso por la preciosa traducción de la obra de Euclides, del mismo modo habría logrado medir con escasos errores el meridiano de Greenwich. Los últimos estudios acerca de su histórica biblioteca señalan en particular, que después de leer en el propio catálogo de Dee de 1583, había en sus estanterías 4000 títulos que representaban enfáticamente, cada aspecto del conocimiento Clásico, Medieval y del Renacimiento. La biblioteca era especialmente rica en manuscritos (únicos) científicos e históricos, sus textos Herméticos abarcaban ramas cabalistas, lulistas, paracélsicas, alquimicas que han atraído la atención de los estudiosos. Fue la aspiración de un conocimiento totalizador el que ha caracterizado a Dee, como a tantos otros estudiosos del Renacimiento; esto era la enorme fuerza que había detrás de la forma de su colección. La biblioteca estaba abierta para sus amigos y discípulos. Era visitada por cortesanos y poetas, navegantes y matemáticos e historiadores y anticuarios, todos ellos beneficiarios del conocimiento acumulado por John Dee. Entre los miles de libros que poseía se encontraban las obras de R. Lull, Pico Della Mirándola, de M. Ficino de J. Reuschlim y los Filósofos Árabes. Estaban las obras de Paracelso, la Steganografía del abate Tritemus, los misticos renanos, la escolastica medieval, los filósofos clásicos Platón y Aristóteles, y los teósofos alejandrinos Juliano, Jamblico, Apolonio de Tiana y Plotino. Poseía también las obras Herméticas en sus ciencias particulares: Cabala, Alquimia, Astrología y Magia.
Esta biblioteca competía con las mejores bibliotecas de Europa y de Inglaterra, algunas Universidades no tenía la calidad de libros o manuscritos que poseía esta biblioteca. Desgraciadamente los últimos años de la vida del Dr. Dee son grises, él vivió como G. Bruno, ya en una época de guerras religiosas (y puesto que en la guerra de todo se valen) la ortodoxia católica había lanzado la contrarreforma y una de sus armas represivas de ésta, fue la cacería de brujas, campaña que incluía a todos los hombres ilustres de ciencia como Dee, puesto que su ciencia e inteligencia era de inspiración diabólica, argumentaban. Una turba religiosa fanática, atacó la casa de Dee, incendiando y robando las cosas que el poseía. Una parte de los libros desapareció entre las llamas y otra, con los años se dispersó a través de diversas bibliotecas de Inglaterra. También se cree que algunos de estos libros se quemaron en el incendio de Londres de 1666. Este fue el trágico y lamentable fin de dicho crisol de ricos conocimientos en que había trabajado toda su vida infatigablemente Jhon Dee, y a quien dedicamos este gran homenaje.