A R T Í C U L O S_

   

EL CADUCEO DE HERMES Y LA VIDA COTIDIANA

Hay que estar muy concentrado para alcanzar los fines que uno se propone, logrando una correcta aplicación de los medios. La vida es una continua invitación a distraerse de la propia trayectoria: nos requieren los otros y abdicamos de nuestro viaje para realizar los ajenos, lo cual nos proporciona una coartada que justifica nuestra huida de la propia responsabilidad. Muchas ventajas se derivan de la concentración, en el sentido de la formulación clara y definida de lo que queremos alcanzar. Entre ellas el que si nos centramos en los objetivos de alcance, nos creceremos sobre la pequeñez de las cosas y llegaremos a recoger la fuerza de nuestros deseos, de nuestras aspiraciones, proyectándola hacia metas más altas. Sobrevolar los matices demasiado concretos, sabiendo adelantarse a los acontecimientos, ir más allá del ritmo de las cosas y al mismo tiempo ser capaces de entrar en los detalles más pequeños, más prácticos. De esta forma, los árboles nos permiten ver el bosque, sin dejar de verlos a ellos tampoco. Lo que hacemos cada día se encuadra en un conjunto general, que es el sentido y la dirección donde nos llevan nuestros pasos. No hay que perder nunca de vista ese marco general, con el fin de orientar adecuadamente nuestra marcha, sin perder energías ni esfuerzos.

No siempre es evidente el camino que debemos tomar. A veces nos empeñamos en una senda particular y no era la que nos llevaba a nuestro destino. Como dice nuestro Maestro JAL, hay que “entregarse a la corriente de la vida, remando con fervor en nuestra barca, pero sin negar el río que nos sustenta” (Cartas a Delia y Fernando).

Si pertenezco a una línea de trabajo específica, regida por el Maestro Hermes, todo lo que me sucede tiene sentido, si me permite servir, ser útil a la obra que se está construyendo y a lo que se encuentra en la voluntad del Maestro. Debo mantener esa idea constantemente en mi mente, para evitar los continuos requerimientos que me producen otras tantas distracciones. Esa es la corriente de la vida, el juego de posibilidades que yo misma me voy trabajando, en el esfuerzo incesante de descubrir la mejor manera de pertenecer y ser útil. Es lógico que me deje llevar por ella, pues su impulso es mayor que el mío. No consigo gran cosa empeñándome en que la vía sea la que yo trazo, pues sin duda está al menos esbozada y a mí me corresponde descubrirla en medio de la ambigüedad del mundo. Cada paso que doy en esa línea me proporciona una felicidad enorme, aun en medio del esfuerzo y del dolor, aunque he tenido que experimentar desgarramientos.

Uno toma en sus manos el caduceo, como Hermes, cuando decide que tiene algo que hacer en el mundo, intervenir en medio del combate que libran las fuerzas contrapuestas y luego dejar que las serpientes de la vitalidad, de la creatividad de la mente, se integren en el caduceo mismo, convirtiéndolo en una vara de poder sobre la realidad. En ese sentido, uno tiene que sentirse irremediablemente identificado con el sendero de Hermes, antes de poder siquiera aspirar a manejar el caduceo, pero, eso sí, cuando la decisión es total, entonces no hay que tener miedo y, aceptando la invitación, tomar el mistérico bastón, para descubrir todos sus secretos, todas sus inmensas posibilidades.

El camino: Comunicación. Investigación. Enseñanza
Hermes es un dios civilizador, que ha enseñado siempre técnicas a los hombres, que ha facilitado la manera en que las sociedades se han ido abriendo paso en el largo camino de la vida. Cuando hacía falta encontrar una nueva formulación, una nueva manera de encarar los problemas, una renovada actitud de búsqueda de soluciones, allí aparecía, de una manera o de otra, Hermes, o alguno de sus seguidores. Las cuestiones de siempre, los eternos planteamientos del conocimiento se han ido revistiendo de nuevos enunciados. Hermes se las ha arreglado para encontrar las vías de salida de las encrucijadas, en las diferentes etapas de la historia de los afanes humanos.

El Caduceo es el sentido del continuo movimiento de los seres en la manifestación. Cuando uno encuentra el sentido del propio movimiento, quiere decir que de una manera o de otra está bajo la tutela de Hermes. Hay que estar muy atentos para poder encontrar el “sentido dentro del sentido”, es decir, de qué forma nuestro trabajo, nuestra acción permanente puede servir para la obra y el trabajo del Maestro, en los detalles más particulares. Esto es lo importante y el punto de partida para cualquier otro planteamiento que pudiera hacerse.

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