A R T Í C U L O S_
|
||
|
Expansión del Budhismo en China Jorge Ángel Livraga
“Así como el jazmín crece bello y dulcemente perfumado sobre un montón de desperdicios tirados a la vera del camino, así, aun entre aquellos que no son más que desperdicios, el discípulo del Perfecto Despierto resplandece por su sabiduría en medio de los ciegos del mundo” En su principio, el Budhismo no parece haber sido bien recibido en India, donde se le acusó de “destructor” de familias y en donde las diferentes formas de Brahmanismo, Shivaísmo, etc., rechazaron esta manera “estoica” de encarar la religión, restando importancia a las ceremonias tradicionales. No hay pruebas históricas de que el Budismo arraigase primero en las clases más humildes, como lo pretenden algunos especialistas, sino, por el contrario, en determinadas aristocracias. Es prácticamente imposible que el pueblo hindú de los siglos V-IV a. C., enrolado en sus tareas rutinarias, prestase gran atención a una forma mística con mucho de filosófica, difícil de entender y con ribetes de esoterismo que se apoyaban en un Budhismo o Religión de La Luz. Hasta la época de Asoka Chandragupta (273-232 a.C.) el “Sandrakotos” de los griegos, que fue un equivalente para el Budhismo de lo que fue Constantino para el Cristianismo, esta religión no tuvo fuerza expansiva en la India y, por lo tanto, menos aún fuera de ella. Su nieto (234-198 a.C.) fue llamado Dharma-Asoka, el de “La Buena Ley”, y continuó su obra. En este periodo se ha comprobado que peregrinos budhistas llegaron hasta Alejandría, en Occidente, y se adentraron en Tibet, Nepal, China y las penínsulas e islas adyacentes… Pero en su lugar natal, el Budhismo empezó a decaer, hasta que su último rey, del Imperio de los Asokas, fue derrotado en el 185 a.C. por una revolución encabezada por Pusymitra, fundador de la Dinastía Sunga. India retornó a las viejas tradiciones prebudhistas. Pero los emisarios que habían partido para China, tal vez siguiendo muchos de ellos la relativamente fácil “Ruta de la Seda”, se habían afincado alrededor del siglo III a.C. en una nación que, como pasó en buena parte de su historia, estaba dividida en reinos y condados. Allí se encontraron con elementos afines, dentro de la religión del Tao dejada por Lao-Tsé, y con otros que le fueron adversos como el Confucianismo y muchas formas de cultos locales. Los cronistas de la Dinastía Han, narran, por el siglo III a.C. en extranjeros del Valle del Ganges adoraban a Futó (Budha) y que de él hacían estatuillas de oro. El libro Po-Tsé-Lum afirma que había libros del Budha en China en la época Huang-Tí (246-209 a.C.). Según la tradición china, el Budhismo habría penetrado más tardíamente, cerca del año 61 de nuestra era, y a raíz de un sueño profético del Emperador Ming-Ti en el que vio “un hombre de oro que resplandecía como un sol”. Un consejero, Fu Yin, lo interpreto en el sentido de que el Cielo invitaba al Emperador a adorar a un nuevo Dios venido del Oeste. El Emperador destacó de inmediato a una fuerte embajada a través de sus fronteras occidentales y 18 de sus mensajeros llegaron a Magada, al sur del Ganges, donde recogieron y recopilaron numerosas obras budhistas, y en el año 67 regresaron acompañados de dos sabios brahmanes convertidos al budhismo: Ghodarma Aranya y Kasyapa Madanga. Les acompañaban numerosos bonzos cuando llegaron a la capital de Loyang, recibidos con gran pompa por el Emperador. En ese lugar se elevaría luego el Po-Ma.Tzén o Templo del Caballo Blanco en memoria del animal que traía a lomos los tratados Sutras. Entre los libros traídos venía una Vida de sakyanuni en 5 volúmenes. También un excelente resumen doctrinario llamado Sutra de los 42 Artículos que fue guardado “en el decimocuarto cofre de piedra de la Biblioteca Imperial”. En China, el Budha recibe apelativos como el de “Shi.chiá-Mu-ni-Foh-yeh” y “Cha-Menn”, haciendo referencia a sus virtudes mágicas. Ming-Ti es el “Asoka” chino y lleva el Budhismo a cuantos sitios puede. A la manera de Constantino con el Cristianismo en Occidente, más que sugerirlo, lo impone. Los vínculos con la lejana cuenca del Mediterráneo se hacen más sólidos y hay un intercambio de elementos que ya había existido cuando Alejandro y el rey de Poros en India. Los símbolos típicos del Bienaventurado son la Swastica, la Rueda, el Loto y el Sillón Vacío. Todo esto se plasmará en el arte en conjunción con elementos griego-helenísticos, llegándose a maravillosas concreciones, como la Bactriana y en el Arte Gupta, en los que a veces se identifica al Budha con Helios y Apolo vistiendo peplos a la manera griega. En China, esta penetración e intercambio no llega a plasmarse de la misma manera, pero sí en muchos otros aspectos. De alguna forma, el Budhismo no conquista a China, sino que ese gran país lo convierte en una forma china de religión, con muchas otras influencias. El maravilloso tratado ético Dhammapada fue traducido al chino y ampliamente aceptado. Se compiló una gran cantidad de parábolas, que sugirieron a investigadores de principios de nuestro siglo XX llamarlas el “Evangelio del Budha”, aunque éste, como tal jamás existió, ya que la Doctrina de Siddharta se basa en la auto-redención quemando el karma negativo, y no en una salvación que dependa de intercesor alguno. Con la caída de la Dinastía Han, el Budhismo sufrió un rudo golpe, pues dejó de ser la “religión oficial” y tuvo que competir con las demás formas de fe. El Budhismo, que se había dividido en Hinayana (pequeño vehículo) y Mahayana (gran vehículo) afianzó esta última forma, muy impregnada de magia, en el Norte y en Nanking, donde en el 245 la Dinastía Wu funda un gran templo-monasterio encabezado por el mago Tché-Kieng, traductor, además, de numerosos y muy antiguos libros esotéricos al chino. Pero la hora del Budhismo en China, en cuanto a su esplendor, había pasado. El pueblo se aferró a posiciones éticas más definidas y sencillas y sólo la aristocracia lo siguió cultivando. Hasta que en ésta misma, los antiguos aliados seguidores de Lao-Tsé prefirieron aliarse a los Confucianistas para detener la Budhismo triunfante. Los cambios históricos nos llevan a la muerte del Gran Khan, en el 316, van a salvar al Budhismo a la luz del gran eclecticismo que estos “bárbaros” imprimen en China, pasando por encima, no sólo de murallas físicas, sino de otras costumbres y cultos milenarios. El siglo IV verá una resurrección del Budhismo. Desde el Tibet se introdujo el culto a Avalokiteshvara y a Kwan Yin, bajo formas búdhicas y de la mano de portentosos magos que realizan muchos fenómenos, como el de hacer crecer lotos azules entre las manos del Emperador, para divertirlo. Trece mil grandes templos funcionan en China. En el siglo VII es tal la fuerza que había logrado el Budhismo en China, que desde allí vuelve a India y consigue adeptos en toda el Asia. Pero en el siglo VIII el Islamismo invadirá India y pronto golpeará, aunque con poco éxito, a las puertas de China, como también lo habían hecho los Nestorianos Cristianos. El Budhismo en China, con su particular forma de ser, permaneció fuerte hasta la Dinastía Ming. Con los Manchú de debilitó, no sólo por cismas internos, sino por el derrumbe caótico de China que se mantenía acosada, como una criatura prehistórica, por las nuevas potencias de Occidente. El advenimiento de la República en 1912 y más aún, el advenimiento del Comunismo, hicieron que disminuyesen los acólitos en China, resurgiendo formas de Confucianismo, mucho más aptas para el difícil momento histórico. Pero esta particular forma de Budhismo Chino impresionó grandemente a los occidentales, especialmente a la alta intelectualidad, y hoy se le reconoce el haber salvado muchos elementos religiosos que, de no haber salido jamás de India, se habrían perdido irremisiblemente. Tienen los textos chinos una belleza muy especial y las parábolas e historias recopiladas son fuentes de sabiduría natural y profunda, siendo una de las pocas formas religiosas que han guardado el frescor de sus orígenes y agregado a ello raíces, aún visibles, de milenario Esoterismo Filosófico. Bibliografía Fo-sho-hing-tsan-king |
||
© 2008 DERECHOS RESERVADOS - NUEVA ACRÓPOLIS BOLIVIA |
||