MITO EL ORIGEN DE LA ESCRITURA
(Fedro)
Extractado por: Antonio Russo
Director Nacional de Nueva Acrópolis
Ésta es una nueva página que ofrecemos a nuestros lectores, siempre en procura de poder entregar aquella sabiduría milenaria, que de por si, por el solo hecho de haber perdurado tanto, demuestra su consistencia. Extractamos de los libros de Platón algunos mitos de los cuales podemos tomar como ejemplo y obtener algún mensaje útil. Algunos de los mitos son los siguientes: Descripción de la Atlántida, Carro alado, La forma de la Tierra y sus lugares, Er, el armenio, Juicio a los hombres después de la muerte y muchos otros.
Hemos elegido para este primer lanzamiento: Origen de la Escritura. Nos pareció adecuado reflexionar sobre la importancia de las letras. Hoy se manejan a través de los medios de comunicación modernos y los sistemas educativos, políticas que no enseñan a los individuos a desarrollar el amor por la escritura y la lectura. Es penoso observar las falencias que hay en ese sentido y lo mucho que habrá que batallar. Es casi similar a las críticas que recibe permanentemente este suplemento, en el sentido de que tiene “muchas letras”. No es que no estemos atentos a las críticas, gracias a las que podemos tratar de mejorar, al contrario, es gracias a ellas que estamos en continua búsqueda de nuevos escritores (que escasean, o quizás no les interesa publicar lo que piensan), pero la pregunta sería aquella que hizo el Emperador a Mozart, cuando le dijo que su opera las Bodas de Fígaro tenía excesivas notas, la pregunta obvia de Mozart fue, ¿cuáles su Majestad?
Yendo al comentario sobre el mito, vemos que el que se pueda volcar los pensamientos al papel, constituyendo este un estilo de arte, no garantiza primero, que los sentimientos o pensamientos allí vertidos, puedan transmitirse correctamente, o mejor ser interpretados por los lectores y segundo, que los lectores efectivamente puedan interpretar correctamente y que sirva para desarrollar nuevas ideas. Efectivamente la comprensión y creatividad no necesariamente son dones que se consiguen con la simple lectura de lo que está escrito por alguien. Al decir de Platón, la lectura servirá como un elemento de rememoración y no precisamente para mejorar la memoria: textualmente; “Es la apariencia de la sabiduría, no su verdad, lo que procuras a tus alumnos; porque, una vez que hayas hecho de ellos eruditos sin verdadera instrucción, parecerán jueces entendidos en muchas cosas no entendiendo nada en la mayoría de los casos, y su compañía será difícil de soportar, porque se habrán convertido en sabios en su propia opinión, en lugar de sabios.”. Pero veamos qué dice el mito, del que podemos cada uno interpretar libremente.
MITO EL ORIGEN DE LA ESCRITURA
(Fedro)
(Pág. 881)
SÓCRATES.- Así, pues, en cuanto al arte y falta de arte en los discursos baste con lo dicho...
FEDRO.- ¿Cómo no?
SÓCRATES.- ... pero nos falta hablar de la conveniencia o inconveniencia de escribirlos; en qué casos estaría bien que se hiciera y en qué casos sería inconveniente, ¿no es verdad?
FEDRO.- Sí.
SÓCRATES.- ¿Sabes tú, pues, de qué modo serás más grato a la divinidad ocupándote o hablando de discursos?
FEDRO.- En absoluto. ¿Y tú?
SÓCRATES.- Hay una tradición, al menos, que puedo contar, de los antiguos: la verdad, son ellos los que la saben; pero si nosotros pudiéramos encontrarla por nosotros mismos, ¿seguiríamos acaso preocupándonos de las opiniones humanas?
FEDRO.- Es ridículo preguntarlo. Vamos, cuéntame lo que afirmas haber oído.
SÓCRATES.- He oído contar, pues, que en Naucratis de Egipto vivió uno de los antiguos dioses de allá, aquél cuya ave sagrada es la que llaman ibis, y que el nombre del dios mismo era Theuth. Este fue el primero que inventó los números y el cálculo, la geometría y la astronomía, a más del juego de damas y los dados, y también los caracteres de la escritura. Era entonces rey de todo el Egipto Thamus, cuya corte estaba en la gran ciudad de la región alta que los griegos llaman Tebas de Egipto, y cuyo dios es Ammón, y Theuth vino al rey y le mostró sus artes, afirmando que debían comunicarse a los demás egipcios. Thamus entonces le preguntó qué utilidad tenía cada una, y a medida que su inventor las explicaba, según le parecía que lo que se decía estaba bien o mal, lo censuraba o lo elogiaba. Así fueron muchas, según se dice, las observaciones que, en ambos sentidos, hizo Thamus a Theuth sobre cada una de las artes, y sería muy largo exponerlas. Pero cuando llegó a los caracteres de la escritura: “Este conocimiento, ¡oh rey! –dijo Theuth-, hará más sabios a los egipcios y vigorizará su memoria: es el elixir de la memoria y de la sabiduría lo que con él se ha descubierto.” Pero el rey respondió: “¡Oh ingeniosísimo Theuth! Una cosa es ser capaz de engendrar un arte, y otra ser capaz de comprender qué daño o provecho encierra para los que de ella han de servirse, y así tú, que eres el padre de los caracteres de la escritura, por benevolencia hacia ellos, les has atribuido facultades contrarias a las que poseen. Esto, en efecto, producirá en el alma de los que lo aprendan el olvido por el descuido de la memoria, ya que, fiándose a la escritura, recordarán de un modo externo, valiéndose de caracteres ajenos; no desde su propio interior y de por sí. No es, pues, el elixir de la memoria, sino el de la rememoración, lo que has encontrado. Es la apariencia de la sabiduría, no su verdad, lo que procuras a tus alumnos; porque, una vez que hayas hecho de ellos eruditos sin verdadera instrucción, parecerán jueces entendidos en muchas cosas no entendiendo nada en la mayoría de los casos, y su compañía será difícil de soportar, porque se habrán convertido en sabios en su propia opinión, en lugar de sabios.”
FEDRO.- ¡Qué fácilmente, Sócrates, compones fábulas egipcias o de cualquier país que se te antoje!
SÓCRATES.- Era una tradición, querido, del santuario de Zeus en Dodona que de una encina salieron las primeras revelaciones proféticas. En efecto, a los hombres de aquellos tiempos, que no eran sabios como nosotros los modernos, les bastaba, debido a su ingenuidad, con oír a una encina o una roca, a condición de que dijeran la verdad. Para ti, en cambio, probablemente hace una diferencia quién es el que lo dice, y de qué país, porque no examinas únicamente si es así o de otra manera.
FEDRO.- Tienes razón al reprenderme, y me parece que, por lo que se refiere a los caracteres de la escritura, el tebano estaba en lo cierto.
SÓCRATES.- Por consiguiente, el que cree que deja establecido un arte en caracteres de escritura, y el que, recíprocamente, lo acoge pensando que será algo claro y firme porque está en caracteres escrito, es un perfecto ingenuo, y en realidad desconoce la predicción de Ammón, creyendo que los decires escritos son algo más que un medio para recordar aquello sobre lo que versa lo escrito.
FEDRO.- Muy exacto.
SÓCRATES.- Lo terrible en cierto modo de la escritura, Fedro, es el verdadero parecido que tiene con la pintura: en efecto, las producciones de ésta se presentan como seres vivos, pero si les preguntas algo mantienen el más solemne silencio. Y lo mismo ocurre con los escritos: podrías pensar que hablan como si pensaran; pero si los interrogas sobre algo de lo que dicen con la intención de aprender, dan a entender una sola cosa y siempre la misma. Por otra parte, una vez que han sido escritos, los discursos circulan todos por todas partes, e igualmente entre los entendidos que entre aquellos a quienes nada interesan, y no sabes a quiénes deben dirigirse y a quiénes no. Y cuando los maltratan o los insultan injustamente tienen siempre necesidad del auxilio de su padre, porque ellos solos no son capaces de defenderse ni de asistirse a sí mismos.
FEDRO.- También en eso tienes muchísima razón.